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Mujer y adicciones: una realidad silenciada
En el marco de la Memoria Anual de la Fundación AEPA del ejercicio 2025, los datos recogidos permiten analizar con más detalle el perfil de las personas atendidas, poniendo especial atención en una realidad que, aunque menos visible, requiere una mirada específica: el consumo en mujeres.
Aunque el perfil mayoritario de las personas atendidas en nuestros centros continúa siendo masculino, las mujeres están cada vez más presentes en los procesos de atención y tratamiento. Actualmente, el 27,9% de los casos atendidos en la Fundación corresponde a mujeres, una cifra que, lejos de ser residual, invita a poner el foco en una realidad que históricamente ha permanecido invisibilizada.
El consumo en mujeres no solo presenta características propias, sino que está atravesado por una doble estigmatización. Por un lado, el estigma asociado a la propia adicción en sí; por otro, el derivado de los roles y estereotipos de género, que sitúan a la mujer en una posición de cuidado constante hacia los demás, vinculada a la responsabilidad familiar y a la imagen de “buena madre”. Este mandato social dificulta el reconocimiento del problema, retrasando la búsqueda de ayuda.
Como consecuencia, muchas mujeres no acceden a los recursos de tratamiento o lo hacen en fases más avanzadas del problema, lo que contribuye a la cronificación y agravamiento de la adicción, así como a un mayor deterioro físico, psicológico y social.
En este contexto y atendiendo al perfil predominante de la mujer que asiste a la Fundación, nos encontramos con una mujer de alrededor de 45 años y de nacionalidad española, mayoritariamente soltera o separada, y con hijos/as en la mayoría de los casos. A nivel socioeconómico, se observa una presencia importante de situaciones de desempleo o inactividad laboral, aunque también hay un porcentaje de mujeres en activo. En cuanto a la formación, predominan los estudios primarios y secundarios, con presencia también de formación profesional y universitaria.
En el ámbito clínico, destaca la presencia de policonsumo y la coexistencia con problemas de salud mental, como trastornos de la personalidad, ansiedad o depresión. A pesar de ello, muchas mujeres cuentan con red de apoyo, y en un número significativo de casos se incorpora la intervención familiar como parte del proceso terapéutico.
Por su parte, el patrón de consumo también presenta particularidades. El alcohol se configura como la sustancia principal, en gran medida por su alta accesibilidad y normalización social, así como por la posibilidad de consumo en entornos privados. A diferencia de otros perfiles, en muchas mujeres se observa un consumo más silencioso, en soledad y dentro del hogar, lo que dificulta su detección temprana.
Asimismo, es importante señalar la relación existente entre las adicciones y las situaciones de violencia. En nuestros centros, aproximadamente un 7% de las mujeres atendidas ha sufrido algún tipo de violencia de género, evidenciando la necesidad de comprender el consumo no solo como un problema individual, sino como una realidad profundamente ligada a factores emocionales, relacionales y estructurales.
Conscientes de esta realidad, en la Fundación trabajamos incorporando la perspectiva de género en nuestros programas de tratamiento, adaptando la intervención a las necesidades específicas de las mujeres. Esto implica no solo comprender sus trayectorias vitales, sino también generar espacios seguros donde puedan expresarse sin juicio, así como desarrollar recursos específicos como el grupo de mujeres, orientado al acompañamiento, la identificación y la recuperación.
En los últimos años se observa una tendencia esperanzadora: cada vez más mujeres acceden a tratamiento, rompiendo el silencio y dando el paso hacia el cambio. Visibilizar esta realidad es fundamental para seguir avanzando hacia una atención más equitativa, comprensiva y eficaz, que permita acompañar a cada mujer desde su contexto y su historia.